Y ahí vas de nuevo, a contar con besos cuánto mide esa nueva espalda, a contar y buscar los nuevos lunares y adaptar tu respiración a la de ella. Medir la distancia para que al voltear encuentres con exactitud sus labios, recorrer con la yema de tus dedos las piernas de tu nuevo amor y saber que son 5 caricias más largas que las mías. Y sentir otra textura, otra piel; sentir en la nariz el cosquilleo de un nuevo aroma.
Y así entender que aunque el amor existe es otra persona y ya no estoy y tampoco estás porque nos encontramos bailando en el techo.
Porque besarme era tu rutina favorita y porque a pesar de saber los besos que tenías que darme te encantaba perder la memoria al día siguiente, porque te fascinaba mirar hacia un costado y encontrar mis labios, porque conocías con exactitud como esclavizar tu mano izquierda. Conocías mi ritmo y te encanta y me tomabas de la cintura y seguíamos bailando sin que me pisaras los pies ..... porque a pesar de todo sí me entregué y me conociste y te apoderaste de lo más importante en un ser, te apoderaste de mi alma.