Nos mirábamos. Llegaron los besos con fuertes caricias. Estábamos ahí, era el momento. Todo o nada. Su mano recorría lentamente mi pierna derecha. Latidos acelerados. Besos lentos. Y llegamos a ese punto, donde la respiración es el resultado de la exaltación nerviosa de dos cuerpos en conexión. Todo pasó tan rápido de forma lenta, suave, delicada. Eras los signos de admiración en la oración de mi cuerpo. Besos en el cuello. La aceleración de tu palpitación cerca de mi pecho me incitaba a seguir con este rico ritual. Besos en el abdomen. Corriente eléctrica que corría desde mis caderas hasta los dedos de mis pies. Sensación indescriptible. Metí mi mano por debajo de tu falda. Lo dejo a la imaginación. Sonrisa tuya, sonrisa mía. Llegaste y yo ya te esperaba en la cima. Éramos como dos gotas de lluvia bajando por el cristal para, al final, juntarnos, ser una. Te veías tan bella, hermosa mujer. Y cuando todo acabó que hermosa sensación el observarte, acariciar tu frente, tocar tu cabello. Mirarnos. Sentirnos.
- Berenice Morales. ''Soy escritora pero no ejerzo''
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